La salud y el bienestar en el trabajo, aspectos destacados a corto y medio plazo

Jul 24, 2023 | Estar bien

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TEXTO Área de Relaciones Laborales y Prevención -España | IMÁGENES MAPFRE

El futuro del trabajo viene marcado por la confluencia de diversos factores y tendencias en el ámbito económico, medioambiental y social, que están propiciando cambios en el aspecto empresarial, en las relaciones laborales y de la organización del trabajo, así como en los riesgos a los que está expuesta la población trabajadora.

La interdependencia de estos factores hace que las políticas de empresa deban alinearse para afrontarlos desde un enfoque integral y buscar soluciones que tengan en cuenta, especialmente, la salud de las personas.

Así, el futuro de la salud y el bienestar en el trabajo está influenciado por todos estos cambios, haciendo necesario que las empresas y organizaciones adapten con agilidad sus prácticas en materia de salud y bienestar.

Desde esta perspectiva, se pretende que las organizaciones no se centren solo en evitar enfermedades y accidentes, sino también en promover empresas saludables y trabajadores sanos en las tres dimensiones —física, mental y social— definidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En 2015, la salud fue incluida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, donde se recogen metas relacionadas con la inclusión laboral, la igualdad de oportunidades y la seguridad/salud en el trabajo. En consecuencia, las empresas y los organismos están llamados a trabajar para la consecución de los ODS creando un ambiente de trabajo saludable y productivo.
El trabajo es una parte esencial de la vida de las personas y, por tanto, debe contribuir a nuestro bienestar físico y mental. Por ello, podemos hablar de la importancia de contar con equipos diversos; de analizar las nuevas formas de trabajo; de apostar por la transformación digital así como de hacer uso de los datos.

Equipos diversos

diversidad de los equipos y los cambios demográficos implican una serie de desafíos con respecto a la salud y al bienestar en la empresa. Las características de nuestra población, diversa y con una esperanza de vida mayor —que supone el alargamiento de la vida laboral—, junto con la existencia de personas trabajadoras en situación de mayor riesgo que requieren de una especial atención para garantizar su protección, forman parte de los retos que las políticas preventivas deben afrontar en el futuro del trabajo.

Por ejemplo, es necesario tener en cuenta que cada persona, desde las más jóvenes hasta las de mayor edad, requieren un enfoque diferente en cuanto a la prevención y el tratamiento de las lesiones y enfermedades relacionadas con el trabajo.

Por ello, debemos centrar las políticas de la empresa en el individuo y en sus necesidades concretas. Y también en la promoción de la salud personalizada a las necesidades de cada individuo, dejando de lado las programaciones rígidas que no tienen en cuenta las características particulares de cada uno.
Hemos de trabajar para incorporar la perspectiva de género y la diversidad generacional a las políticas y estrategias empresariales a través de la gestión preventiva, desde un enfoque positivo de la diversidad que fomente la sostenibilidad del empleo y promueva lugares de trabajo inclusivos que garanticen la salud de las personas trabajadoras.

CESVIMAP
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Las nuevas formas de trabajo

La irrupción imparable de las nuevas tecnologías de la información ha alcanzado niveles extraordinarios con la pandemia mundial y el auge del trabajo en remoto.

Las nuevas formas de trabajo pueden proporcionar una mayor flexibilidad y favorecer el equilibrio entre la vida personal y laboral, proporcionando amplias posibilidades para realizar eficazmente un trabajo, pero las nuevas tecnologías y los nuevos modos de organización laboral han propiciado también la llegada de riesgos específicos hasta ahora desconocidos o no suficientemente atendidos, que pueden ser fuente de estrés o aislamiento y manifiestan la creciente importancia de la salud mental como factor clave en el futuro de la salud y el bienestar en el trabajo, lo que está llevando a un enfoque más integral las políticas preventivas.

En este contexto, el lugar y el tiempo de trabajo como típicos elementos configuradores del marco en el que se desempeña la actividad laboral están diluyéndose en favor de una realidad más compleja en la que lidera la conectividad permanente, lo que afecta, sin duda, al ámbito personal y familiar de las personas.

Los riesgos ergonómicos, psicosociales y organizacionales son los que mayor impacto van a tener, originados por los cambios en las condiciones de trabajo, los exigentes ritmos de trabajo, la extensión de jornadas y horarios o las nuevas formas de contratación.

De esta forma, nos podemos encontrar situaciones en las que:

• Se mezclan los tiempos de la desconexión laboral.

• Podemos trabajar en distintos entornos, desde nuestro puesto en el centro de trabajo hasta nuestra propia casa, lo que hace que las condiciones físicas y ambientales sean cambiantes y no se ajusten al escenario laboral clásico. La adopción de posturas adecuadas o el ajuste de los niveles de iluminación, por poner dos ejemplos, no son fácilmente controlables y muchas veces no son los más adecuados.

• Formación e información inadecuada sobre estas nuevas formas de trabajo y una percepción desajustada de los riesgos que pueda ocasionar el uso de estos.

Todo ello puede provocar distintas consecuencias ergonómicas, ya sea fatiga visual o fatiga física, en forma de trastornos musculoesqueléticos y sedentarismo por el uso prolongado de la pantalla.

Además, esta hiperconectividad puede favorecer la fatiga mental al estar expuestos a una sobrecarga cuantitativa por el rápido y fácil acceso a la información, lo que propicia la realización de más tareas y con mayor apremio de tiempo, el incremento de la multitarea y encontrándonos con tareas imprevistas y prioritarias, con exigencias de respuesta inmediatas, etc., así como a una sobrecarga cualitativa derivada del posible aislamiento e inseguridad.

Por todo ello, debemos trabajar en una buena organización que promueva cambios posturales y gestión de tiempos de exposición, desconexión tecnológica que avance en el respeto al tiempo libre y fomente el equilibrio de la vida laboral y personal, modelos de trabajo que permitan organizar la jornada laboral según las necesidades que se puedan tener en cada momento, más flexibles, ágiles y eficientes, y una formación e información ajustada al uso que se vaya a realizar de estas tecnologías, aspectos imprescindibles para el control de estos riesgos.
Las nuevas tecnologías están generando cambios que conllevan una modificación de paradigma en la seguridad y salud, provocando por todo ello más patologías mentales que físicas y obligando a las organizaciones a centrar y poner el foco en la salud mental como riesgo psicosocial.

La transformación digital

En medicina estamos viviendo la integración de la tecnología en nuestra práctica diaria, una tecnología que está orientada a mejorar los resultados de los tratamientos, a optimizar nuestros protocolos y a incrementar la eficiencia de nuestros equipos.

Pensemos en la telemedicina, que facilita el acceso a consultas especializadas a personas que viven en lugares remotos; o en los dispositivos personales (wereables), que están diseñados para monitorizar y enviar información a los especialistas sin que las personas tengan que desplazarse a un centro de salud; o las herramientas basadas en inteligencia artificial, que optimizan el diagnóstico y el tratamiento de procesos complejos.

Las tecnologías de la información y comunicación, el desarrollo tecnológico y en particular la digitalización también están revolucionando el trabajo y presentan oportunidades desde la óptica de la prevención de riesgos laborales que nos permiten, en muchos casos, un seguimiento y evaluación continua con un acercamiento al cuidado de la salud de las personas a través de, por ejemplo, la monitorización, la formación online, etc. y herramientas como la teleinspección, que permiten registrar y compartir información de forma remota, disponiendo de datos en tiempo real mediante conexión telefónica y una valoración ágil de las condiciones laborales. Como ejemplo de esta transformación digital podemos destacar los proyectos de teleinspección, que permiten valorar en remoto las condiciones de los centros de trabajo, contribuyendo de esta forma a mejorar la prevención a todos los niveles organizativos y mejorando el cuidado de las personas. Esto supone, a su vez, agilizar una actividad fundamental y hacerla más sostenible.

En general, este desarrollo tecnológico ofrece posibilidades para reducir los daños en la salud a través de su incorporación en los procesos productivos y procedimientos de trabajo, y también en la propia gestión de la prevención. Su potencial debe aprovecharse para el desarrollo de los sistemas de investigación, formación e información, como parte esencial de los sistemas de gestión preventivos.

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El uso de los datos: prevención y medicina predictivas

El almacenamiento de millones de datos y su análisis, además de darnos una imagen clara de los riesgos existentes en la empresa a través de un mapeo exhaustivo, nos permite detectar, a priori, situaciones que pueden desencadenar un riesgo y/o un accidente, permitiendo adelantarnos en su gestión y facilitando así la protección de la seguridad y salud en las organizaciones.  

Además, en medicina seremos capaces de ofrecer soluciones personalizadas a nuestros pacientes para que estos tomen decisiones informadas acerca de su salud. El análisis de los datos médicos y el uso de algoritmos de inteligencia artificial nos permitirá analizar el riesgo que tiene una persona de desarrollar ciertas enfermedades basándonos en su estilo de vida, en su historia médica y en el análisis de otros factores de riesgo que puedan estar asociados a su puesto de trabajo.

Las nuevas tendencias económicas y sociales y las transiciones digital y climática conllevan riesgos nuevos o emergentes que afectan a la seguridad y salud de las personas. Las organizaciones deben estar en disposición de gestionar adecuadamente el bienestar y la promoción de la salud.

Por otra parte, y como veníamos diciendo, el objetivo es situar a las personas en el centro de los cambios y de la transformación tecnológica, y para ello deben ponerse en marcha diferentes estrategias que ayuden a eliminar, reducir o prevenir los riegos. No podemos olvidar que el fortalecimiento de un liderazgo efectivo que apoye a las personas en los procesos de integración de las nuevas tecnologías, la formación, capacitación y desarrollo, las acciones de envejecimiento activo y empresa saludable, así como la comunicación y fomento de las relaciones interpersonales son claves para avanzar en la prevención de riesgos.

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