“Esto da mucho miedo. Yo no he visto cerrar los bares ni en situación de conflicto armado”, me decía por WhatsApp una veterana periodista de la agencia de noticias EFE el mismo día en que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, declaraba el Estado de Alarma el pasado 13 de marzo.

TEXTO DANIEL BADÍA | IMÁGENES ISTOCK

El Coronavirus o COVID-19, que empezó en la localidad china de Wuhan, se ha convertido en una pandemia que afecta a más de 175 países de todo el mundo y que se contagia a un ritmo vertiginoso, hasta tal punto que se quedarían viejos los datos de afectados incluso si este artículo se publicara mañana. De hecho, como indica Manuel Aguilera, director general del Servicio de Estudios de MAPFRE, “la pandemia del Coronavirus nos está mostrando una nueva cara de los riesgos asociados a la construcción de una sociedad global”. Y es que, en su opinión, ha conseguido adquirir las dimensiones que tiene gracias a la “interrelación e interdependencia” que caracteriza a la actividad económica y social de nuestros días.

Los gobiernos de todo el mundo han reaccionado con medidas extraordinarias para, por un lado, evitar el colapso sanitario y reducir así al máximo posible el número de fallecidos, pero para sortear también un colapso económico con consecuencias incluso peores a las de 2008. Por ahora, cada región marca su ritmo y pone más o menos peso en uno u otro lado de la balanza, en el sanitario o en el económico. En Estados Unidos, donde por ejemplo se ha anunciado un plan de choque de más de dos billones de dólares para familias y empresas, Donald Trump ha llegado a decir que no quiere que “la cura sea peor que la enfermedad” y pretendía que el país volviera a pleno rendimiento económico pasada la Semana Santa. Sin embargo, ya ha dado marcha atrás. Por su parte, en Brasil, donde los contagios están acelerándose, su presidente, Jair Bolsonaro, la seguía calificando a finales de marzo de “gripiña” ante el temor de la debacle económica que supondría tomar medidas contundentes. Al otro lado del charco, en Europa, sí que está habiendo un confinamiento generalizado, aunque con normas más o menos restrictivas, situándose España e Italia a la cabeza.

Ni la inyección extra de liquidez del BCE, de 750.000 millones de euros, ni la rebaja de tipos ni la compra sin límites de deuda anunciada por la Fed, ni el chorreo de dinero y las medidas fiscales anunciadas por los gobiernos, de hasta un total de 10 billones, van a evitar que la economía entre en recesión. Ahora se debate si la recuperación será en U o en V o en L, pero al menos las noticias procedentes desde China resultan esperanzadoras. La actividad de la economía china, aunque aún lejos de volver a la normalidad, ya registró en marzo un fuerte rebote, después del histórico desplome observado en febrero a raíz del impacto del Coronavirus y de las medidas de contención implementadas, según reflejó el último índice PMI de manufacturas y servicios. “Las cifras que nos van a ir llegando, muy negativas, debemos ponerlas en contexto, pero lo importante es que no haya una destrucción de capital permanente. Y, en este sentido, lo que ha ocurrido en China es esperanzador”, señalaba recientemente Alberto Matellán, economista jefe de MAPFRE INVERSIÓN, en una entrevista con una radio española.

Ni la inyección extra de liquidez del bce, de 750.000 millones de euros, ni la rebaja de tipos ni la compra sin límites de deuda anunciada por la fed, ni el chorreo de dinero y las medidas fiscales anunciadas por los gobiernos, de hasta un total de 10 billones, van a evitar que la economía entre en recesión.

Ni la inyección extra de liquidez del bce, de 750.000 millones de euros, ni la rebaja de tipos ni la compra sin límites de deuda anunciada por la fed, ni el chorreo de dinero y las medidas fiscales anunciadas por los gobiernos, de hasta un total de 10 billones, van a evitar que la economía entre en recesión.

Ni la inyección extra de liquidez del bce, de 750.000 millones de euros, ni la rebaja de tipos ni la compra sin límites de deuda anunciada por la fed, ni el chorreo de dinero y las medidas fiscales anunciadas por los gobiernos, de hasta un total de 10 billones, van a evitar que la economía entre en recesión.

La economía ha entrado en un estado de hibernación. No es baladí que las Bolsas hayan reaccionado con caídas históricas, a uno y otro lado del Atlántico. Y es que los expertos de Goldman Sachs, por ejemplo, auguran una contracción del PIB en Estados Unidos del 34% en el segundo trimestre en términos anualizados. En este sentido, las peticiones por desempleo subieron hasta los 6,6 millones en la semana del 28 de marzo, una cifra nunca vista que rompió todos los pronósticos y que adelanta ese posible escenario. Y los países emergentes podrían llevarse la peor parte. Gonzalo de Cadenas- Santiago, director de análisis macroeconómico y financiero del Servicio de Estudios de MAPFRE, asegura que los países emergentes no van a tener esta capacidad de respuesta. En la última década, estas economías han experimentado un aumento de su vulnerabilidad financiera (la deuda total roza ya el 200% del PIB, y tres cuartas partes correspondería a deuda privada): “Este endeudamiento, cada vez más complejo, peligroso y de rápido crecimiento, no augura nada bueno para la capacidad de soportar otro choque externo como el causado por el COVID-19”, indica el economista.

A día de hoy, sigue siendo muy superior el número de expertos que ve esta crisis como temporal, con efectos devastadores, pero también coyunturales. Esto provoca que los economistas estén revisando de forma agresiva sus previsiones de crecimiento para este año en todo el mundo, pero también que estén elevando al alza las de 2021. Por ejemplo, la Comisión Europea estima que el virus restará 2,5 puntos porcentuales a la economía europea este año, lo que de facto supone una contracción del PIB europeo de entre el 1 y el 1,1%, para luego experimentar un rebote el año próximo. “Da cierta tranquilidad observar la contundencia de las acciones, así como la coordinación entre distintas autoridades monetarias y la entrada en juego de la política fiscal. Si bien no evita el daño a los beneficios y al PIB, sí permiten mantener el sistema funcionando con la fluidez suficiente como para esperar con paciencia la eventual recuperación”, añade Matellán.

Una coordinación que, no obstante, se echa todavía en falta a nivel europeo. Las medidas, desde el punto de vista fiscal, se limitan a la implementación de estímulos específicos para cada país. Pero, dada la gravedad de la crisis, no basta con suspender la aplicación del pacto de Estabilidad y Crecimiento, se trata de ir más allá y aprovechar la coyuntura actual para llevar a cabo reformas estructurales e institucionales con la renovada reivindicación de dar mayor protagonismo a la política fiscal. España e Italia, los países más afectados, han pedido desenterrar un concepto ya debatido en 2011, una nueva versión de los eurobonos pero destinados a financiar inversiones y gasto social para combatir la pandemia: los coronabonos. Como ya ocurrió antaño, de nuevo esta medida se ha encontrado con la oposición de los países core y, en particular, por parte de Alemania y Holanda. El 7 de abril se ha marcado como fecha para anunciar un paquete que podría incluir la utilización del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) pero flexibilizando la condiciones que impone su utilización, así como un fondo común para desempleados.

En definitiva, no se trata de una crisis financiera que vuelva a poner en evidencia una Europa a dos velocidades, o de que los países core paguen la fiesta del vecino, sino de una crisis sanitaria que afecta a nivel global. Si Europa, y en particular la eurozona, no se muestran unidas y solidarias en un momento como el actual, las consecuencias políticas podrían ser de calado. No sólo a nivel europeo, sino también en la redefinición del orden mundial: tanto China como Rusia muestran síntomas de fortaleza e incluso han tendido la mano a Italia, cuando Estados Unidos podría quedar debilitada.

CAÍDAS MEDIAS DEL 22% EN LOS PRINCIPALES ÍNDICES BURSÁTILES

La presión de los mercados financieros

Se han vuelto a retomar términos propios de la crisis financiera de 2008, como sell off o salida en manada de los inversores, jornadas bursátiles a las que se les ha añadido el calificativo de “negro” de antaño, como el “el lunes negro” del pasado 9 de marzo (el Dow Jones se dejó un 7,79% ese día). El COVID-19 llegaba entonces a los mercados financieros, lo que ha provocado sesiones consecutivas de volatilidad extrema, con caídas históricas de las Bolsas, pero también rebotes sin precedentes, como el registrado por el Dow Jones el pasado 24 de marzo, del 11,4%, el mayor desde 1933. Y todo esto ha terminado en un trimestre “negro”, con caídas medias del 22% en los principales índices bursátiles.

Pero a la vez que caían las Bolsas volvían a repuntar las primas de riesgo, principalmente de los países periféricos, lo que ponía en entredicho la posibilidad de financiar los planes de choque ya anunciados, por ejemplo, por España. Esto llevó al BCE a salir de nuevo al rescate con una inyección extra de liquidez de 750.000 millones. Todo este pánico inversor se refleja en la evolución del VIX, que llegó a niveles superiores a los de la quiebra de Lehman Brothers. Sin embargo, como indica Daniel Sancho, responsable de inversiones de MAPFRE Gestión Patrimonial, la volatilidad es una variable que es importante mirarla a largo plazo. Ese horizonte temporal, también es clave, según el experto, a la hora de construir una cartera: “En los momentos de tensión como los que estamos viviendo ahora estaremos obligados a recordar cuál es nuestro horizonte de inversión y que la volatilidad diaria no es igual a la volatilidad mensual o la volatilidad anual”.

Pero a la vez que caían las Bolsas volvían a repuntar las primas de riesgo, principalmente de los países periféricos, lo que ponía en entredicho la posibilidad de financiar los planes de choque ya anunciados, por ejemplo, por España. Esto llevó al BCE a salir de nuevo al rescate con una inyección extra de liquidez de 750.000 millones. Todo este pánico inversor se refleja en la evolución del VIX, que llegó a niveles superiores a los de la quiebra de Lehman Brothers. Sin embargo, como indica Daniel Sancho, responsable de inversiones de MAPFRE Gestión Patrimonial, la volatilidad es una variable que es importante mirarla a largo plazo. Ese horizonte temporal, también es clave, según el experto, a la hora de construir una cartera: “En los momentos de tensión como los que estamos viviendo ahora estaremos obligados a recordar cuál es nuestro horizonte de inversión y que la volatilidad diaria no es igual a la volatilidad mensual o la volatilidad anual”.

«En los momentos de tensión como los que estamos viviendo ahora estaremos obligados a recordar cuál es nuestro horizonte de inversión y que la volatilidad diaria no es igual a la volatilidad mensual o la volatilidad anual»

Daniel Sancho,
responsable de inversionesde MAPFRE Gestión Patrimonial

Tras estos fuertes retrocesos, ¿hemos tocado suelo? En opinión de Alberto Matellán, economista jefe de MAPFRE INVERSIÓN, “la Bolsa ya ha descontado un impacto económico importante y ya podríamos haber visto el suelo”. Eso sí, “siempre y cuando no veamos nuevas sorpresas por el lado de contagios o desde el plano económico, y estas no se pueden descartar”.

«Si pensamos que en los próximos 12 o 24 meses la situación económica habrá retornado a cierta normalidad, todavía es muy buen momento para tomar posiciones de inversión, independientemente de que todavía se pueda producir alguna corrección más”»

José Luis Jiménez,
director general de inversiones de MAPFRE
Hasta que llegue ese momento, y como se suele decir en jerga financiera, a río revuelto ganancia de pescadores. Y es que en este entorno complejo como el actual también pueden aparecer oportunidades. Así lo considera José Luis Jiménez, director general de inversiones de MAPFRE. En su opinión, dadas las nuevas estrategias de inversión que han aparecido en los últimos años, los mercados se mueven cada vez más con un efecto manada que por el sentido común. “Hoy, el mercado tiene otras dinámicas que van ganando impulso, la gestión pasiva, la paridad de riesgo, los robot advisors, el factor investing, etc. que multiplican el efecto de las fases alcistas o las bajistas”, señala. Por ello, “si pensamos que en los próximos 12 o 24 meses la situación económica habrá retornado a cierta normalidad, todavía es muy buen momento para tomar posiciones de inversión, independientemente de que todavía se pueda producir alguna corrección más”, concluye.
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