Obsesión por el diseño, trabajo en equipo, análisis de hipótesis múltiples, foco en el usuario final, evaluación constante de los resultados… y una máxima: el fracaso no existe. Bienvenidos al Design Thinking.

TEXTO David Rubio | FOTOS Thinkstock

Gutenberg, Edison, Galileo, Hollerith, Graham Bell… La mayor parte de sus éxitos comparten un denominador común, llamado “ensayo-error”. Cuenta la leyenda que Edison, durante la invención de la bombilla eléctrica –proceso en el que acumuló cientos de pruebas fallidas–, fue preguntado al respecto por el origen de sus fracasos. Su respuesta siempre era la misma: afirmaba haber creado su bombilla en “mil pasos”. Esa visión de cómo desarrollar una idea planteando escenarios múltiples le convierte en uno de los precursores de técnicas actuales como el testing, el prototipado o la interacción constructiva… utilizadas hoy en día en procesos creativos y de diseño.

¿En qué consiste el Design Thinking?

Design Thinking, como metodología de trabajo, permite enfocar la innovación en entornos inciertos de forma ágil y ayuda a reducir los riesgos que a menudo van ligados al desarrollo de nuevos proyectos, productos o servicios.

Se centra en entender y dar solución a las necesidades reales de los usuarios, y está enfocado hacia un estilo colaborativo e iterativo de trabajo. Esto implica un continuo aprendizaje, basado en prueba y error, volviendo a empezar en cualquiera de las fases siempre que sea necesario, lo que favorece un razonamiento en el que surgen hipótesis novedosas, minimizando la probabilidad de error a la hora de sacar al mercado productos y servicios innovadores.

Se compone de cinco fases, no lineales en las que se puede retroceder o saltar etapas consecutivas. Esta forma de trabajo provoca múltiples escenarios que generan grandes cantidades de información, lo que permite a los equipos obtener soluciones ajustadas a los objetivos de los proyectos, satisfaciendo las necesidades reales de los clientes/usuarios.

Sus principales características son:

 Empatía: satisfacer las necesidades del cliente o usuario final es el principal objetivo y para ello hay que ponerse en su lugar.

• Trabajo en equipo: poner en valor el pensamiento colectivo, aplicar pensamientos divergentes (con múltiples soluciones, posibles o imposibles) y convergentes (seleccionando la mejor resolución de un problema).

 Prototipado, validación y testeo, puesto que antes de poder continuar con el trabajo, debe ser aceptado por todos aquellos que estén involucrados en el proceso. El análisis mediante ensayos, identificación de fallos y aplicación de soluciones.

 Uso de espacios creativos, que promuevan una mayor interacción y comunicación entre los empleados. Gracias a atmósferas en la que se promueve lo lúdico, se consigue disfrutar durante el proceso de creación, propiciando un estado mental en el que damos rienda suelta a nuestro potencial.

 Desarrollo de técnicas con un gran contenido visual y plástico. Esto hace que pongamos a trabajar tanto nuestra mente creativa como la analítica, dando como resultado soluciones innovadoras y a la vez factibles.

En palabras de su creador, cuando hablamos de este proceso nos referimos a algo más que a una simple “metodología”. Para Tim Brown, CEO de la compañía de diseño e innovación IDEO y autor del libro Design Thinking, es “una manera diferente de entender el proceso productivo, usando la sensibilidad y los métodos que utilizan los diseñadores”. En un mundo actual, en el que las compañías se enfrentan a un entorno cambiante y de competencia salvaje, donde el conocimiento abierto hace muy difícil destacar en el mercado, esta técnica aporta un valor diferencial, enfocando todos los esfuerzos de creación en satisfacer las necesidades y los deseos de los consumidores, lo que implica también una gran oportunidad para el mercado.

OBJETIVO: INNOVAR A TRAVÉS DE NUEVOS MÉTODOS 

Equipos multidisciplinares, iteraciones, testing, change management… para los que no están familiarizados con la terminología de Gestión de proyectos es difícil comprender en qué consiste. Desde el área de innovación nos dan respuestas.

Design Thinking es una metodología aplicada al diseño de productos y servicios innovadores, cuya premisa principal es el foco en el cliente para la detección de sus necesidades reales, la validación constante y la iteración para ofrecer exactamente la solución que le aporte valor. En MAPFRE hemos optado por aplicar este tipo de metodologías con el fin hacer más ágil y eficiente nuestro proceso de diseño de nuevos productos y servicios.

Scrum, Agile, Lean, Kaban… Hay cientos de metodologías para generar flujos que mejoren la productividad y la innovación en los procesos de negocio. ¿Qué valor diferencial aporta Design Thinking frente a otros modelos de trabajo. Son complementarios?

Todas estas metodologías de innovación son complementarias y pueden ser aplicadas en distintas etapas del proceso de innovación de MAPFRE.

Design Thinking aporta valor en las fases iniciales del proceso de innovación, cuando, partiendo de un reto, debemos entender al cliente para idear soluciones que busquen satisfacer sus necesidades para ofrecerle una propuesta que sea percibida como que le aporta valor. Scrum, Agile, LeanStartUp o Kaban ponen foco en fases de prototipo y piloto, fases esenciales para obtener feedback acerca del nuevo producto o servicio antes de sacarlo al mercado.

El concepto de “fracaso como experiencia” sobre el que se basa el Design Thinking  está muy ligado a la forma de trabajar de startups. ¿Cómo pueden las grandes corporaciones absorber esta premisa para incorporarla a su cultura empresarial?

En innovación, el fracaso es considerado un aprendizaje. Las metodologías de innovación nos permiten ajustar métricas y testar de forma controlada, lo que puede llevarnos a concluir de forma ágil que nuestra solución no será aceptada en el mercado, al menos en ese momento. La decisión de abandonar un proyecto a tiempo no es un fracaso en sí, por el contrario, evita un posible fracaso frente al mercado con la consiguiente pérdida económica y de recursos.

Entender el fracaso como un aprendizaje y no penalizarlo dentro de las organizaciones tradicionales, forma parte de la transformación cultural hacia la innovación. Debemos ser capaces de difundir estos aprendizajes dentro de la organización, aprovechando tanto las buenas prácticas como los errores cometidos.

¿La formación de empleados y adopción del Design Thinking en los procesos de negocio incrementa el número de Early adopters en las compañías? ¿Mejora la penetración de la innovación en su primera fase?

Para conseguir que las empresas se adapten a los cambios de su entorno, es necesaria una transformación cultural a todos los niveles. La formación en herramientas como Design Thinking contribuye a que esa posible la penetración de la innovación en las organizaciones. Sin embargo no sólo la aplicación de esta metodología hará que una empresa se adapte al mercado y alcance sus objetivos. La sensibilización, aceptación y voluntad de cambio son imprescindibles en toda la estructura organizacional.

Entender los cambios que afectan el negocio, la observación y análisis de nuestro entorno y la compartición de toda esta información son acciones fundamentales para la transformación cultural de la empresa.

Design Thinking, canalizando la innovación
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