TOLERANCIA CERO al consumo de alcohol y drogas en la conducción

Educación aseguradora, la asignatura pendiente

Fundación / Marzo 2016. Nº 91

Cerca del 36 por ciento de los jóvenes españoles de entre 16 y 30 años ha conducido alguna vez bajo los efectos del alcohol y uno de cada diez reconoce haberlo hecho tras haber consumido cannabis o cocaína. La realidad en Europa y América no es muy diferente y por ello cada vez son más las campañas dirigidas a conductores de todas las edades para frenar la siniestralidad vial por consumo de este tipo de sustancias. Fundación MAPFRE se une a este reto con su campaña Objetivo Cero.

El 36%

de los jóvenes españoles ha conducido bajo los efectos del alcohol, y el

10%

habiendo consumido drogas

En México, la ingesta de alcohol es la segunda causa de muerte en los jóvenes de

15 a 29 años

Con el lema #no controlas, Fundación MAPFRE enfatiza la importancia de no conducir habiendo consumido drogas.
«Un conductor drogado pierde la claridad y no tiene marcha atrás»

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TEXTO NURIA DEL OLMO

El consumo de drogas es una de las principales causas de mortalidad entre los jóvenes en Europa y muchos de los accidentes que ocurren en las carreteras europeas son provocados por conductores que están bajo los efectos de una sustancia psicoactiva. Se estima que tan solo el alcohol, la sustancia que se detecta con más frecuencia entre los conductores que sufren heridas graves o que murieron en un accidente de tráfico, es responsable anualmente de hasta 10.000 muertes al año en carretera en la Unión Europea, es decir, un 25% del número total de muertes por accidentes de tráfico.

Son datos del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT), entidad responsable de supervisar el proyecto DRUID (Driving Under the Influence of Drugs,Alcohol and Medicines), cuyo objetivo es profundizar en el conocimiento del consumo de alcohol, otras drogas y medicamentos en los conductores, revisar las posibilidades de intervención y armonizar las actuaciones en el marco de la Unión Europea.

Según dicho informe, que recoge los datos obtenidos de más de 50.000 controles realizados entre 2006 y 2011 en 13 países, el 3,5% de los conductores europeos había bebido alcohol, el 1,9% había consumido drogas y un 1,4% había tomado algún tipo de medicamento.

Destaca, además, que entre un 25 a un 50% de los casos, los conductores daban positivo por una o más sustancias psicoactivas; que de media, una cuarta parte de los conductores que sufrieron heridas y casi una tercera parte de quienes murieron en un accidente habían dado positivo por alcohol, y que la mayoría de estos (70%) superaban la tasa de 1,2 gramos por litro en sangre. El país con mayor índice de conductores gravemente heridos que dieron positivo en el control de alcoholemia es Bélgica y el ranking de los que registran mayor porcentaje de conductores fallecidos por consumo de alcohol lo lidera Portugal.

Libertad, autonomía y placer

Es lo que siente la mayoría de jóvenes españoles cuando conduce, una actividad que disfrutan, en la que se consideran responsables y en la que en líneas generales se ponen buena nota. Sin embargo, la teoría dista mucho del comportamiento real al volante y, a pesar de que la postura oficial que muestran es la de descartar absolutamente los comportamientos arriesgados, la realidad es bastante diferente. Sustancias, consumo y conducción, lejos de estar disociadas como parece en muchas de sus manifestaciones, aparentan tener fuertes vínculos.

Son datos del informe Conducción y drogas. Factores subyacentes a los comportamientos de riesgo, que han presentado recientemente Fundación MAPFRE y la Fundación de Ayuda Contra la Drogadicción (FAD) con el objetivo de analizar de forma detallada y cuantificable lo que los jóvenes piensan y perciben acerca de los riesgos asociados a la conducción.

El estudio, resultado de cerca de 1.000 encuestas realizadas a jóvenes entre 16 y 30 años, destaca que aunque la mayoría declara que en los últimos seis meses «nunca» ha conducido bajo los efectos de sustancias, un porcentaje muy importante de conductores ha conducido «alguna vez» bajo los efectos de las drogas, cerca del 36% en el caso del alcohol y alrededor de un 10%, en el caso del cannabis, cocaína y otro tipo de drogas.

Se trata de una investigación, que aunque se ha centrado en jóvenes, se trata de un problema que afecta a conductores de todas las edades, como los mayores de 65, en los que el consumo de medicamentos se convierte en un factor de riesgo importante.

> Programa de sensibilización de MAPFRE: Objetivo Cero Víctimas de Tráfico

Educación y concienciación

Gracias a estos estudios las instituciones disponen, cada vez más, de evidencias científicas que les ayuden a orientar sus actividades y políticas para mejorar la seguridad vial y frenar las alarmantes cifras de siniestralidad. Es el caso de Fundación MAPFRE, entidad volcada contra la accidentalidad a través de una ambiciosa campaña denominada Objetivo Cero Accidentes, bajo la que desarrolla numerosas actividades para concienciar a los jóvenes de los peligros de tomar drogas y alcohol al volante. Bajo el lema #Nocontrolas, la entidad enfatiza la importancia de no subirse al coche cuando el conductor ha consumido algunas de estas sustancias.

Jesús Monclús, director de Prevención y Seguridad Vial de Fundación MAPFRE, considera clave la divulgación, la concienciación y la educación en la escuela y en las empresas como «el primer paso para seguir avanzando en la prevención de los accidentes».A su juicio también es necesario «reforzar los controles de consumo», ya que las drogas son «incuestionablemente incompatibles con la conducción» y el rechazo social con respecto al consumo de drogas tiene que ser absoluto. «Un conductor drogado deja de pensar con claridad y ya no tiene marcha atrás. Por ello es tan importante que entre todos impidamos que alguien que haya consumido drogas se ponga al volante», señala.

Mayor concienciación en Latinoamérica

El consumo de alcohol en esta región, con el promedio más alto en el mundo, contrasta con los esfuerzos de los países para endurecer las penas a los conductores ebrios, desarrollar campañas de prevención y regular la publicidad de estos productos.

Según el último informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en México, por ejemplo, la ingesta de alcohol es la segunda causa de muerte en los jóvenes de 15 a 29 años y en 2012 quitó la vida de 300.000 personas. Es el motivo por el que en 2003 la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal puso en marcha el programa Conduce Sin Alcohol, un operativo policial que aplica pruebas rápidas mediante alcoholímetros en retenes itinerantes en Ciudad de México y que ha conseguido reducir en un 70% la cifra de accidentes de tráfico mortales por esta causa.

Chile, donde el alcohol en la conducción y el exceso de velocidad son las principales causas de accidentes fatales, también ha mejorado mucho sus cifras de siniestralidad en los últimos años y sin duda es una referencia para el resto de países de la región.

Su gran avance en esta materia se debe a la introducción de los límites de alcohol en sangre a finales de los años 90, a la entrada en vigor de la Ley Tolerancia Cero, que estableció un programa de tratamiento para conductores reincidentes y aumentó las sanciones por conducción en estado de ebriedad. También destaca la famosa Ley Emilia, que desde 2014 establece cárcel efectiva de mínimo un año a conductores en estado de ebriedad que generen lesiones gravísimas o la muerte y que introduce como delito fugarse del lugar del accidente y negarse a realizar un test de alcoholemia.

Destaca también el gran ejemplo que en esta materia ha dado Brasil con la «Ley Seca» de Tolerancia Cero aprobada en 2013, según la cual es ilegal conducir tras haber consumido cualquier cantidad de alcohol.

Conducción y drogas. Factores subyacentes a los comportamientos de riesgo

«Si a fecha de hoy ningún conductor se pusiera al volante tras haber consumido drogas, en un año presentaríamos un informe con 900 fallecidos menos». Sin duda podríamos hablar de mejores cifras que los 1.126 fallecidos en accidentes en 2015. Así de clara se mostró la directora general de Tráfico, María Seguí, durante la presentación del informe Conducción y drogas. Factores subyacentes a los comportamientos de riesgo, presentado en Madrid. En el acto también participó Bartolomé Vargas, fiscal de Sala de Seguridad Vial, quien estuvo acompañado de Eusebio Megías, director técnico de la Fundación de Ayuda contra la Drogradicción; así como de Julio Domingo y Jesus Monclús, director general y director de Prevención y Seguridad Vial de Fundación MAPFRE, respectivamente.

Cuidado con los medicamentos

Algunos medicamentos también son drogas que, aunque legales, reguladas y sometidas a prescripción facultativa, pueden alterar la capacidad para conducir. La información es la mejor arma: se debe leer el prospecto y consultar al médico o al farmacéutico si existe alguna duda. Si una persona no se encuentra en plenas facultades físicas o emocionales, no debe conducir.

No hay consumo sin riesgo

  • JÓVENES. La gran mayoría conducen con responsabilidad, pero alrededor de uno de cada seis busca emociones intensas, opina que a veces hay que saltarse alguna norma y considera que es posible conducir bebido o drogado.
  • DROGAS. Casi uno de cada dos conductores implicados en accidentes en España ha consumido alguna sustancia ilegal y uno de cada tres reconoce haberse montado en un vehículo conducido por alguien que había consumido drogas.
  • VÍCTIMAS. Si se consiguiera eliminar el consumo de drogas en los conductores se podrían evitar unos 500 fallecidos al año.
  • EFECTOS. Cuando hablamos de drogas, esperar un rato no es la solución. Al margen del «subidón» inicial, los efectos de las drogas se mantienen durante varias horas.
  • ALCOHOL. En España, el límite se encuentra en 0,5 gramos por litro de sangre y en 0,3 para conductores noveles y profesionales.
  • ACCIDENTE. Según las estadísticas, si una persona sufre un accidente con víctimas y no ha consumido drogas, es probable que el otro conductor sí lo haya hecho.
  • AMÉRICA LATINA. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en esta región se consume una media de 8,4 litros de alcohol al año, lo que supone 2,2 litros más que el promedio mundial. Solo Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Uruguay fijan un límite legal a la concentración de alcohol en la sangre para conductores.
  • TRASTORNOS. El consumo de esas sustancias produce delirios, ensoñación y alteraciones del sentido del tiempo, en la toma de decisiones y en el tiempo de reacción, que hacen imposible conducir de forma segura.
  • CONCENTRACIÓN. Las drogas siempre actúan, y para mal, en la capacidad de conducción. La conducción es una actividad para la que hay que estar siempre en las mejores condiciones.
  • PREVENCIÓN. Es preciso planificar con antelación los desplazamientos y buscar alternativas de movilidad seguras si existe alguna posibilidad de que se vaya a consumir cualquier droga.
  • FAMILIARES Y AMIGOS. Las personas que están cerca deben impedir que alguien que haya consumido drogas se ponga tras el volante.