TEXTO MARINA CALVO | FOTOGRAFÍAS ISTOCK

La situación mundial causada por la pandemia del coronavirus ha puesto de relieve la importancia del sector primario para garantizar el suministro de alimentos a la población. Una importancia que para el mundo del seguro nunca había pasado desapercibida. En este artículo te contamos cómo el seguro contribuye a una agricultura más resiliente y por qué aporta estabilidad a la producción agropecuaria.

Ciclones, borrascas, DANA, tormentas, lluvias torrenciales, granizo, nevadas intensas, rayos, tempestades de viento, tornados e inundaciones. También sequías, olas de frío y de calor o incendios. Son riesgos que amenazan a las explotaciones agrícolas, ganaderas o forestales, poniendo en peligro una de las actividades necesarias en cualquier sociedad: la producción de alimentos. Un riesgo que se puede minimizar o transferir a un tercero con la ayuda de instrumentos como el seguro agrario.

El seguro agrícola, o agropecuario como se le llama también, es un mecanismo que permite al productor proteger sus inversiones en el cultivo o la producción ganadera, adquiriendo una póliza, a través de las aseguradoras. Está circunscrito a los riesgos que pueden caer del cielo, es decir, meteorológicos, incendios y determinadas enfermedades que no pueden ser controlados por la acción humana y deja sin cubrir los riesgos económicos, lamentablemente los más frecuentes.

Algunos ejemplos de este tipo de seguro son los siguientes:

  • Seguros de daños o combinados: cubren los daños producidos en los riesgos asegurables en función de la ubicación de la explotación, las especies que se cultivan, etc. Algunas de las coberturas combinadas que ofrecen son incendio, helada, lluvia, nieve, pedrisco, viento, etcétera. cubren la pérdida de rendimientos que puede producirse por cualquier adversidad climatológica, que no pueda ser controlada por el agricultor, incluyendo entre ellas la sequía y la helada. Por ejemplo, existen seguros de rendimientos del olivar, del almendro, cereal o viñedo.
  • Seguros integrales: cubren la pérdida de producción causada por fenómenos que no puedan ser normalmente controlados por el agricultor, como el pedrisco, el incendio o la sequía.
  • Seguros pecuarios: en este tipo de seguros, se pueden garantizar los daños de naturaleza climática, u otros fenómenos excepcionales; así como:
    • Accidentes y enfermedades de animales.
    • Sacrificio obligatorio de animales.
    • Gastos derivados de la destrucción de animales muertos.
    • Compensación por falta de pastos.
JUAN SÁEZ, Director de Seguros Agrarios de MAPFRE

Asistimos a una mayor intensidad y frecuencia de desastres naturales en todo el planeta. Por ello, cada país o región económica trata de anticipar y mitigar sus efectos.

La gestión de estos riesgos se ha convertido en una necesidad y el seguro, dentro de este análisis, en una medida eficaz para paliar sus efectos y superar estas situaciones. Si la gestión de riesgos es fundamental en cualquier actividad, lo es más en la agropecuaria, que se desarrolla a cielo abierto. Una agricultura protegida supone una mayor garantía de disponibilidad de alimentos y, simultáneamente, una forma de fijar población en las zonas rurales.

En muchos países, como España, Canadá o Estados Unidos, el seguro agrícola está subvencionado por la Administración. Para que sea atractivo para el agricultor o ganadero, para el Estado y para la aseguradora, lo más importante es que la póliza cubra las necesidades en caso de que el riesgo se materialice y ocurra un siniestro.

Cada país tiene un modelo de protección en el marco de su política agraria, que trata de salvaguardar los cultivos y producciones ganaderas, con diferentes líneas de aseguramiento y opciones de contratación en cada una de ellas. Esta protección está vinculada, sin duda, al aprovechamiento de todas las oportunidades que la tecnología aporta continuamente para facilitar la realización de contratos y gestionar con la máxima agilidad y precisión, tanto la cuantificación de los daños cuando se producen, como el pago de las indemnizaciones correspondientes.

El modelo español, un referente internacional

En España, ante riesgos naturales que afectan a la agricultura y la ganadería, el Seguro Agrario Combinado ofrece desde 1980 un sistema de cobertura, basado en un pool coasegurador de compañías aseguradoras privadas (Agroseguro) y el Consorcio de Compensación de Seguros, actuando éste como reasegurador.

Agroseguro

Agroseguro (acrónimo que responde a Agrupación Española de Entidades Aseguradoras de los Seguros Agrarios Combinados) se encarga de administrar los seguros agrarios combinados, por cuenta de las aseguradoras que participan en el pool —entre ellas, MAPFRE—, contribuyendo al desarrollo económico y social del sector agropecuario.

IGNACIO MACHETTI, Presidente de Agroseguro

En cuatro décadas de existencia, el Sistema Español de Seguros Agrarios se ha convertido en un referente a nivel internacional, hasta el punto de que la Unión Europea valora el modelo como el mejor (según se destacó en el informe de la Comisión Europea de 2017, Insurance of Weather and climate-related disaster risk: Inventory and analysis of mechanisms to support damage prevention in the UE) en la protección de riesgos climáticos en Agricultura. El seguro agropecuario alcanza en España una prima total superior a los 740 millones de euros y un capital asegurado superior a los 14.000 millones, destacando como principal línea la de la fruta. Se calcula que el 90% de fruticultores cuenta con cobertura ante la eventualidad de un siniestro como los descritos en el reportaje.

Brasil, un agronegocio gigante

Además de en España, MAPFRE ofrece seguros agrarios en Latinoamérica, con especial énfasis en Brasil, donde la compañía ostenta el liderazgo con una cuota de mercado del 61,7% en seguro agrario, seguido de México, Argentina, Uruguay, Paraguay o Colombia.

En 2019, el negocio agrario representó en Brasil el 43,2% de las exportaciones del país, fundamentalmente de soja, carne y cereales. En este país, tercer mayor exportador agrícola según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el negocio agrícola es el principal pilar económico, supone una cuarta parte de su Producto Interior Bruto (PIB) y emplea a uno de cada cinco trabajadores.

Uno de los mayores riesgos que enfrenta son las pérdidas por consecuencias climáticas, que podrían traducirse en daños millonarios, según cálculos aportados recientemente en la conferencia de la ONU sobre Cambio Climático. MAPFRE lleva operando 15 años en este segmento, con una cartera de seguros aplicable a más de 60 cultivos y soluciones aseguradoras que protegen la propiedad rural, la maquinaria y orientadas a mejorar la vida de los productores.

De ahí la relevancia de que compañías como MAPFRE sigan desplegando soluciones específicas para el campo y la ganadería, junto al gobierno, que debe buscar incentivos para proteger a los ganaderos y agricultores.

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Agritech: Apps y tecnología para gestionar los riesgos

La agricultura, como todos los sectores, es cada día más digital y los productores recurren a la alta tecnología y a las aplicaciones, no solo para reducir procesos redundantes gracias a la automatización o mejorar la productividad, sino para mejorar la detección y la gestión de riesgos.

En los últimos años han comenzado a surgir innovaciones tecnológicas aplicadas al campo, en terrenos como la robótica. Es el caso de VineScout, un robot autónomo que funciona con energía solar y que registra métricas clave como la temperatura de la hoja y la disponibilidad de agua.

O mediante la inteligencia artificial y el big data. Es el caso de la startup agritech israelí Trellis, que utiliza AI para analizar datos y predecir los rendimientos de producción y el momento óptimo de la cosecha.

Agritech - Innovación en el sector agrario
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